dissabte, 24 de març de 2018

La muerte y la primavera


23 de març de 2018

Carta al herrero Llarena

"Nuestro legislador, al recoger en la descripción del tipo penal el adverbio que modaliza la acción (violentamente), elude incorporar al tipo pena el sustantivo que se sugiere. Actúa violentamente quien lo hace de manera violenta, lo que no presenta un contenido típico plenamente coincidente con actuar con violencia."

Lo escribe el juez Llarena en su motivación de causa. Da para encerrar en cónclave a todos los catedráticos de lengua española hasta que propongan un análisis sintáctico de la frase. Y también da para una réplica en forma de prosa limpia, escrita por cierto desde Ginebra, sobre lo que motiva el encierro de un hombre cualquiera. Es de Mercè Rodoreda y forma parte de su novela póstuma La muerte y la primavera. Resulta que vinimos a Madrid para presentarla en la librería Mujeres y al bajar del tren hemos topado con esto.



"Mientras mi criatura y el chico del herrero corrían por los campos en la negra noche o por el bosque o por las Piedras Altas, yo, a solas y como sin pensarlo, iba a ver al preso. Me sentaba a su lado y cuando estaba cansado de estar allí me iba. Un día, sin que le preguntase nada se puso a hablar conmigo. Me dijo que tenía que vivir fingiendo que se lo creía todo. Fingiendo que se lo creía todo y haciendo todo lo que los demás querían, porque si lo habían encerrado cuando era joven era porque sabía la verdad y la decía. No la verdad de los hombres de la cara arrancada. La de verdad… [...] ni los hombres ni las mujeres pueden oír lo que digo… y me decía que todo era mentira. Y antes no querían oír lo que yo decía y ahora no se lo quiero decir. Todo lo que ellos dicen es mentira… los que dicen que una serpiente se volvió de agua… y quieren creer y necesitan creer que si llenan de cemento la boca el alma de la persona se queda en el cuerpo. Y necesitan creer que vendando los ojos de las mujeres que tienen una criatura dentro no se enamoran de otros hombres y que todos los hijos se parecen a los padres… y no saben que si les vendan los ojos es para que la criatura esté mal antes de nacer… no lo ven, pero lo que yo digo es la verdad… Y creen que hay que pasar el río y que hay que morir por pasar el río. Que el pueblo solo puede estar plantado sobre el río en vez de estar plantado en las Piedras Altas o en el bosque de los arbolados y hacer el cementerio en la punta de la Maraldina… Y las sombras de los caramenos no las ha visto nunca nadie. Nadie ha visto nunca una sombra y nadie sabe si el pueblo de esos hombres es un pueblo o es una nube… Pero los vigías vigilan y lo que vigilan no está en ningún sitio… Y van mutilando a los hombres porque dicen que una sombra se juntó con otra… tienen miedo. Quieren tener miedo. Quieren creer y quieren sufrir… sufrir y nada más que sufrir y ahogan a los que se mueren para que aún sufran más… para que sufran hasta el último momento, para que nada sea bueno, y si te arrancan la cara las piedras y el agua es por el bien de todos… y si vives pensando que el río se llevará el pueblo no pensarás en nada más… que te arrastre el sufrimiento pero no el deseo… porque el deseo te hace vivir y por eso les da miedo. El miedo al deseo se los come. Y es para no pensar en el deseo que quieren sufrir y ya de pequeño te mutilan y te clavan el miedo detrás de la cabeza… porque el deseo hace vivir te lo matan mientras vas creciendo… el deseo de todas las cosas… y si cuando eres mayor…"

Traducción de Eduardo Jordá, edición de Alejandro Dardik. Que Rodoreda los tenga en su gloria. Y que seáis muchos los madrileños en asistir mañana a la charla sobre el herrero, el preso y el suicidio en La muerte y la primavera.
Publicat per Maria Bohigas Sales a 17:37


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